sábado, 10 de abril de 2010

EL HOMBRE-BOLSO

Desde que la economía está perjudicada ha aparecido en el súper y las grandes superficies una nueva figura: el hombre-bolso. Es un hombre de cincuenta y muchos/ sesenta y pocos, afectado por un ERE, que lleva toda la vida comiendo ensaladas que no sabe lo que llevan, y ahora mismo está descubriendo el origen del contenido de su nevera, mientras persigue a su señora fuertemente asido a un carro/cesta con la misma expresión en la cara que las vacas mirando al tren.
Ella, sin embargo, va a toda mecha (porque es una profesional de la compra y no se va a jubilar nunca) y con cara de "joder, ahora que he conseguido que mis hijos se larguen de casa llega este cesto".
El hombre-bolso no habla, asiente con un gesto de cabeza entre sí y no y no hace nada más que empujar el carro (porque cualquiera le discute a la parienta, que se cabrea y a ver cómo hago yo para mezclar los ingredientes de una ensalada con cierta coherencia, ¡y aderezarla y todo!). Bueno, miento, a veces se para en un pasillo, así, al tuntún, por ejemplo en Alimentos del Mundo, y coge un tarro de "salsa finlandesa especial para salmones salvajes pescados en noches de luna llena". En cuanto la señora ve que su sombra no le sigue, gira sobre su propio eje, le calva la mirada desde el otro extremo del lineal y acude como alma que lleva el diablo para quitarle el tarro de la mano, no sin cierta violencia. "Vamos a ver, chato. La profesional de ésto, soy yo. ¿Crées que habríamos llegado a pagar la casa y dar estudios a los niños con el sueldo que has tenido, si me hubiera dedicado a comprar chorradas en el súper? ¿Acaso he ido yo a tu oficina a darte el coñazo y explicarte cómo se hace un balance? ¡Deja eso donde estaba antes de que te dé un capirotazo!". Todo esto no lo dice, pero lo piensa, y no le hace falta más que levantar una ceja para que el hombre-bolso lo entienda perfectamente.
Acto seguido, continúa la compra, y ella se pregunta: "¿Quién me mandaría a mí dejar de trabajar?".

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